sábado, 14 de julio de 2012
El Observatorio de Cádiz
martes, 15 de noviembre de 2011
Academia de Guardiamarinas
sábado, 24 de septiembre de 2011
Oteadores gaditanos
Torre Tavira vista desde un cierro desde la calle Sacramento
Desde los primeros tiempos los vigías de las poblaciones con puerto de mar, tenían una función militar: la de vigilar la posible presencia de buques sospechosos que pudieran atacarlas, por lo que se hallaban situados en lugar estratégicos para poder alertar a las baterías de defensa. Posteriormente con el incremento del comercio marítimo, también se establecería oteadores del tráfico de buques.
Aún se conservan en muchas casas del casco viejo de la ciudad, atalayas destinadas a servicios de vigilancia. La torre de San Sebastián y el torreón del castillo de la villa (que sería más tarde Observatorio de Marina), eran entre otras, emplazamientos de vigías.
Al principio del siglo XVIII, ya se contaba en Cádiz con una plantilla de vigías, durante la Guerra de Sucesión, cuando apareció en aguas gaditanas la escuadra anglo holandesa del almirante Rooke, se distinguió por sus sobresalientes servicios.
La Torre de Vigía era una dependencia de Marina a las órdenes del capitán general del Departamento y en lo referente a la plaza se hallaba a las inmediatas órdenes del comandante del Tercio Naval. Tenía imprenta, que editaba el parte oficial del vigía, órgano del movimiento de buques y de la importación y exportación, tanto de las colonias de ultramar como del extranjero. Poseía silueta de todos los buques de la Armada y un archivo de partes oficiales. También contaba con un teléfono que se comunicaba con Capitanía General en la Isla de León.
Merece destacarse el de la entrada en el puerto de la escuadra combinada, que procedente de Ferrol, combatiría en Trafalgar, detallando nombre de cada buque y de su respectivo comandante.
El gaditano vive cara al mar y conoce perfectamente las señales del vigía. Una bola en el tope del mástil, indicaba que un vapor procedente de Sevilla pretendía entrar en puerto; una bola en el extremo Sur, si el buque procedía del Mediterráneo; una bola en la parte Norte, si venía del Oeste; si la bola estaba en el crucero, el buque provenía de Gibraltar. Las mismas señales con un gallardete se ponían cuando las unidades eran de guerra.
A mediados del siglo XIX, la Torre de Vigía deja de pertenecer a Marina, dependiendo de la Corporación de Prácticos. Por esta misma época pasan al Ministerio de Comercio las Escuelas de Náutica, y en 1846 se declara a extinguir el Cuerpo de Piloto de la Armada. Todos estos servicios y otros análogos, formarían la Marina Civil.
El puesto de vigía en Cádiz tuvo varios emplazamientos. Primero en el barrio de Santa María, en la casa conocida por la del P. Calderón. Pasó después a la calle de San Pablo; esquina José Cubiles en el barrio de la Viña, que por este motivo se conocido por la “casa de las banderas”. De esta paso a la que hoy es plaza de San Antonio, esquina a la calle Buenos Aires. Posteriormente se cambió a la plaza de viuda esquina a Vea Murguía.
Los frecuentes cambios de desplazamientos, obedecían a que ninguno de los citados reunía las adecuadas condiciones para el servicio, lo que se logró al trasladarse en 1778, a la actual Marqués del Real Tesoro (torre Tavira).
De todos los miradores gaditanos, era la Torre Tavira el más importante al encontrarse en el lugar más alto. Desde ella se divisan además de todas las azoteas gaditanas, Puerto Real, Puerto de Santa María, Rota, Santi Petri. Cuando el horizonte está nítido, se vislumbra la costa africana. Ciento sesenta y sietes escalones acceden al paisaje más bello e impresionante de la ciudad.
La torre tiene una altura respecto del suelo de la calle, de 34,55m y de 41,23, desde el nivel del mar.
Todos los autores que tratan de esta torre citan como dato curioso que desde ella se divisaban los navíos de tres puentes. Se afirma igualmente que su campo visual se extiende a más de cien kilómetros.
domingo, 14 de agosto de 2011
Orígenes de la Sanidad Naval en Cádiz
Hospital Real – Escuela de Cirugía
Cuando aún no se había formado el imperio español de Carlos V, a la otra orilla derecha del río Guadalete en Puerto de Santa María, junto a la ermita de Santa Lucía surgió en 1512 un hospitalillo marinero.
A mediados del siglo XVII, cuando el invernadero porteño pierde su pujanza militar y cuando se hace el trapazo de galeras y dependencias navales a Cartagena, no por eso la bahía gaditana pierde importancia en lo tocante a la sanidad naval. Cádiz que en 1630 era ya plaza fuerte, recoge en parte la asistencia hospitalaria que de la otra ribera de su bahía se escapaba.
En marzo de 1634, por mandato del Rey al duque de Medina Sidonia, capitán general del Océano: “he resuelto se dé un hospital para cura de enfermos” en el centro de Cádiz. Con anterioridad los enfermos navales se atendían en el Hospital de la Misericordia de la plaza de Corredera (San Juan de Dios), que al parecer data de principio del siglo XVI.
Tampoco existen referencias concreta de un hospital que asistía a los apestados perteneciente a Marina sito a espalda de la pequeña ermita de San Antonio a principio del siglo XVI, en campo de la Jara (actual plaza de San Antonio) y que estaba regentado por la hermandad de este Santo. De este hospital solo se ha podido determinar que existía en 1651, bajo la advocación de San Antonio. Es posible sea el mismo del que se anunció su necesidad al duque de Medina Sidonia, debido a estar situado en el centro de la ciudad. Al derribarse la ermita emplazada en lo que hoy es patio de la parroquia de dicho nombre, se construyó el actual templo.
También se alojaban enfermos en los almacenes de la casa de la munición, junto a la Puerta del Mar.
Estos orígenes de las asistencias navales sanitarias a Cádiz y población próximas. Analizaron cómo se fundó en la ciudad el primer establecimiento de esta clase. El gran historiador fray Jerónimo de la Concepción, en su obra “El Emporio del Orbe”, decía sobre este particular: “A la parte del poniente y no lejos del castillo de Santa Catalina, en el sitio llamado del Campo Santo, que por los años 1648 sirvió de cementerio a más de doce mil personas, que murieron por aquel contagio de la peste, que fatigó a Cádiz. En este sitio determinó la cofradía del Santo Ángel, se erigió dicha ermita de madera el año de 1653”, después la reconstruiría de piedra.
El cabildo no solo aceptó la propuesta sino que regaló dichos suelos, que eran propios de la ciudad, aportó mil ducados de vellón y con las aportaciones que hicieron los Veedor Generales de la Armada (cuya casa dio nombre a la actual “calle del Veedor”) y los cuatro mil que envió la Corona, se construyó el Hospital del Rey.
La ciudad cedió los dos mil ducados y el terreno para erigir, contiguo a la misma, un hospital para atender a la curación de los soldados de la Armada. La primera piedra se colocó en 1667. La ermita quedó incorporada al hospital. El Hospital Real se construyó inicialmente con sólo su primer patio, porque comenzó de inmediato a recibir enfermos, desde entonces permanentemente tuvo que ir creciendo y remodelándose. Las salas altas fueron levantada en 1680, en 1749 se construye, anexo a él, el edificio del Real Colegio de Cirugía, y poco después, en 1751, se inicia el segundo patio del hospital.
Consta de dos plantas. Durante varios años de la mitad del siglo XIX, la alta estuvo destinada a personal civil.
En 1668, queda instalado el Hospital Real, que ha legado a la historia médica un manantial de enseñanzas, desde la instauración de la Casa de Borbón y gobierno de Patiño, hasta la guerra contra el invasor francés.
Se terminó de construir mediante la propuesta al Ayuntamiento. Posteriormente en 1697, se mandó dar al Hospital Real, para Campo Santo, un lugar de cien varas de cuadro, dejando entre éste y el mismo hospital, un callejón de quince varas. En 1701 por petición del administrador, se concedió franquicia de derechos de aduana para los efectos del consumo.
Este centro sanitario engendró en su recinto el famoso Colegio de Cirugía, primer instituto de enseñanza quirúrgica en España, que alumbró otras en Barcelona, Madrid y otras capitales.
Al Hospital del Rey concurrían todos enfermos de la guarnición de la plaza y sus inmediaciones, y los de la Armada.
Los estatutos del Colegio de Cirugía fueron decretados por Fernando VI en San Lorenzo el Real, en 1748. El Hospital Real fue una clínica que hoy llamaríamos Universitaria. Los maestros y cirujanos impartían clases semanales para profesores y alumnos.
En los primeros cursos abundaban bachilleres y doctotes. En resumen, era una institución extrauniversitaria modelo de facultades universitaria. Era uno de los primeros centros en que se cursaban fusionados y obligatorios los estudios de medicina y cirugía. Poseía una biblioteca en la que abundaban obras clásicas, que se hallaba abierta al público.
Era materia para ingreso, Latín, Filosofía y Lógica. Tuvo época en que sus plantillas estaban cubiertas
.
Pedro Virgili fue cirujano mayor del cuerpo de Sanidad de la Armada, abandonaría el cargo en 1758, por haber sido nombrado Cirujano de cámara del Rey Fernando VI. Continuando en el cargo durante el reinado de Carlos III.
Por R.O. en octubre de 1817, no llevándose efecto hasta el 1823, el Hospital del Rey pasó al Ejército, por ser grande el gravamen que producía a Marina.
Así como el Hospital del Rey, fueron surgiendo otros centros hospitalarios: en el castillo de Santa Catalina, hospital de los Mártires, de la Bomba, de San José del Puntal y el de la Aguada, estos dos últimos con miras ya al Departamento de la Isla de León. Así pues, la sanidad naval se va desglosando de Cádiz, donde había estado demasiado tiempo vinculada a los recursos del Hospital Real.
Las últimas vicisitudes del Hospital Real, al excesivo número de enfermo, en marzo de 1777 se solicitaron ampliar la enfermería, se habilitan almacenes para acoger a un buen número de ellos. En abril se autoriza a recoger enfermos del hospital en el almacén del Hospicio (plata baja y alta) el 19 del mismo mes habilitan igualmente para dicho fin, con carácter temporal, los salones de bolas y trucos de la calle Santa Rosalía. Como el número de enfermo aumenta, el 8 de mayo siguiente, son acondicionadas las cuadras del Hospicio de la Caridad y la parte que como cuartel, alojaba al batallón de Toledo en el castillo de Santa Catalina. Mas tarde, en 1778, vuelve a ser habitada de hospital esta parte de dicho castillo.
A fines del siglo XVI contaba Cádiz con varios hospitales que acogían soldados y marineros enfermos. En noviembre de 1790, se inaugura el provisional de San José en el Puntal, instalado en unos almacenes. En septiembre de 1793, se pide local para la escuadra del general don Francisco Borja y Borja con urgencia para heridos y enfermos. Se le aloja en la Segunda Aguada.
En cuanto al Real Colegio de Cirugía de la Armada, por R.O. en octubre de 1821, se separa del colegio, que pasó a ser Escuela de Ciencias Médicas de Cádiz. En 1844 recibió el título de Facultad de Ciencia Médicas.
Al amparo del Real Colegio nacieron publicaciones como la conocida “Revista Médica”.
El pórtico de entrada del Real Colegio de Cirugía de la Armada, que se hallaba situado en el patio de entrada del Hospital Militar, se conserva en la actual Facultad de Medicina de Cádiz. Debido a la reorganización de los servicios de la asistencia sanitaria castrense, el Hospital Militar de Cádiz dejó de funcionar como tal el 20 de diciembre de 1983.
En la actualidad el edificio sirve de sede a diversas instituciones científicas de ámbito autonómico. De la obra original se conserva la portada, patios y pozo.
sábado, 2 de julio de 2011
El Hospicio Provincial de Cádiz . Institución benéfica gaditana
Antiguo Hospicio gaditano, conocido en Cádiz por edificio Valcárcel
El antiguo hospicio provincial, con sus 72 ventanas, este antiguo establecimiento de Misericordia creado en Cádiz en 1648, hoy desaparecido, si no su edificio, si su régimen y uso interior.
Hay una crónica muy antigua y que se expresa en los siguientes términos: “Este que veis aquí de graves aspecto, de alto puntal, exterior limpio y desembarazado, de alegre ojos que miran a Poniente, las alas y galerías a amplias y soleadas, el patio diáfano y cuadrado, sostenido por sólidas columnas.
El Hospicio de Cádiz antiguo, ubicado donde se encontraba hasta entonce la ermita de Santa Elena, en las inmediaciones de Puerta de Tierra, y del que hizo el inglés Thewonseidh grandes elogios, a imitación del abate Labat, nombrase vulgarmente casa de misericordia, donde estudió a tener resignación en las desgracias; perdió en
Fueron sus principios tan miserables que apenas podían sustentar a los ancianos y desvalidos sacerdotes; más tarde se trasladó a otro lugar en forma de ermita dedicada a Santa Elena, y luego, ya en el que hoy ocupa, se aumentó y engrandeció merced a la nunca bien alabada Hermandad de
El rey Felipe V autorizó al Hospicio para organizar en todos los días feriados de los meses de junio, julio, septiembre y octubre, corridas de toros en la plaza de San Roque, frente a los cuarteles y algunas funciones en el teatro de
Todo el vecindario se dispuso a proteger al Hospicio y contribuyeron los más acaudalados comerciante con sumas considerables, y los menos pudientes con géneros y artículos de primera necesidad y comenzaron a recibirse donativo, patronatos, fundaciones y otras ofrendas que produjeron una renta saneada capaz de engrandecer el instituto.
En 1764 se acordó enviar a Méjico un Hermano de
Durante el sitio de Cádiz, presta
El Hospicio de Cádiz, fue una de las instituciones benéfica gaditana, que contaba con su génesis y curso correspondientes y nada comunes.
Ocupó, y aún ocupa, ya que el soberbio edificio no sufrió hasta hoy la locura de la piqueta, su actual emplazamiento desde 1740.
De entre las muchas curiosidades, las primeras naturalmente, las relacionadas con los llamados terrenos del Hospicio y del Arroyo del Salado. En la parte Oeste del recinto de Cádiz tuvo en la antigüedad diversos nombres: el salado, el de Campo Santo y el de Campo de Santa Catalina, según se tratase de la situación a la izquierda o a la derecha, mirando a la mar, cuya última denominación vino a tomar desde que el ingeniero militar Cristóbal Rojas contrajo en 1598 el castillo a ciudadela de ese título.
A la primera posición correspondía el terreno sobre que se levantara nuestro Hospicio y las manzanas de caserío que mediaban desde la línea de su fachada posterior hasta
En el Hospicio de Cádiz en sus aulas recibió la primera educación la famosa tiple de ópera Sr. Montenegro, que alcanzó un colosal éxito en el Teatro de San Carlos, de Nápoles, con
Las innovaciones y reformas llevadas a cabo en el Hospicio, han transformado totalmente el interior, y aún parte del exterior, el lugar que antiguamente ocupaba el altar mayor de la capilla del Hospicio, eran los pesebres y establo del Mesón de Santa Elena.
En el Hospicio, también albergó enfermos mentales, el edificio llegó a acoger en el
Este edificio fue durante el último cuarto del siglo XX un colegio e instituto (Valcárcel), en la actualidad cerrado, esperando lo que van hacer con él.
Hubo un proyecto para el 2012 de convertirse en hotel de lujo en pleno barrio de
martes, 9 de febrero de 2010
Casa - Palacio Moreno de Mora
A mediado del siglo XIX, Don Manuel Moreno de Mora, adquiere tres casa en la calle Ancha, arteria principal del Cádiz intramuros, y otras cuatro en la calle Murguía (hoy Canovas del Castillo), edificios cuyo derribo ordena para construir sobre el solar una Casa-Palacio (estilo isabelina), el arquitecto que proyectó
Para gran parte de la fachada, toda pavimentación interior, escalinatas, columnas y balaustres de galerías, se utilizó exclusivamente mármol traído de Carrara (Italia).
El portalon principal de la calle ancha y la puerta de acceso al palacio, se hicieron de valiosísimo palo-santo.
Bajo la majestuosa escalera doble, y detrás de una estatua de Paganini, se abrió paso a un recoleto jardín interior, por el cual se accedía a las cocheras sitas en la calle Murguía.
Don Manuel Moreno de Mora no pudo ver finalizado el palacio; falleció en Cádiz a los 80 años, en mayo de 1861, su viuda y su hijo Don José, continuaron impulsando los trabajos los que se dio cima el 1862.
El Excemo. Ayuntamiento de Cádiz solicitó la mansión de Mora, para celebrar un baile de gala en honor de Sus Majestades, que tuvo lugar en septiembre de 1862.
La última vez que, en vida de don José Moreno de Mora, se abrieron los salones de su Casa-Palacio, fue con el solemnísimo motivo del gran banquete dado en honor del joven Rey Alfonso XIII en año 1904.
En esta última etapa de la vida del palacio puede destacarse una intensa actividad literaria y académica, muchos académicos, artistas e intelectuales han frecuentado la calle Ancha.
domingo, 31 de enero de 2010
La Merced
Esta iglesia ha sido de las más ricas é importantísima su fundación en tiempo de cautivos, cosa no tan antigua, pues aún en el siglo XVIII, en aguas de Cádiz y en la costa del puerto, hacían presas los bajeles corsario, como consta de muchos aviso para que se tomaron precauciones, que hemos leídos en las actas capitulares.
Los mercedarios prestaron buenos servicios en aquel entonces, y Cádiz abonó en gratitud de ellos su devoción y afecto en el templo popular del barrio alto.
Por el año de 1626, se proyecto de funda, en el barrio principal, una casa de Orden de Mercedarios descalzos, pues ya había noticia de los piadosos propósito que animaban a un rico caballero de Indias, de dedicar sus bienes a la erección de un convento y magnifica iglesia, no surtieron el resultado que era de prever.
En 1629 se erigió el convento de
Cuentan que se vieron milagros patentes, como un ángel que con estola cruzaba sobre el pecho recorría los contornos del convento y que por esta aparición se pintaron, en el altar mayor, dos figuras de ángeles custodios, ni estos efectos sobrenaturales lograron acabar la campaña emprendida contra la nueva iglesia.
Ostentaba el templo en sus primeros felices tiempos muy ricas alhajas y cosas de méritos: un terno de tela pasada de flores, como no hubo otro en España, adquirida en Milán, una imagen de Ntra.Sr. de
Fue este preferido por la nobleza local para las grandes solemnidades religiosas y no menos para establecer sus entierros y cofradías.
El marques del Pedroso (familia Colarte), con su casa solariega en la calle hoy Suárez de Salasar, los Lilas y Sopranos, condes de Rió Molino, las Casa Rojas, los Lasquetty etc., eran asiduos asistentes, entre otras, cuadros de gran meritos y esculturas muy apreciables.
En cuanto, al interés artístico de la iglesia no es extraordinario, pero si digno de estima, su arquitectura es reglada, de una sola nave de cañón, con buenas luces, orcos toral que ocupa el altar mayor, su retablo algo recargado, es de mucho efecto y de líneas graciosas (atribuido a Saavedra) y un espacioso camarín de medio punto donde se manifiesta el Santísimo.
El cuadro de san Cayetano dicen que es de Murillo, y supuestamente el techo de
Efectuaron se las obras de
En 1873 se cerró y con las imágenes depositadas en San Agustín, en 1875, se abrió de nuevo la iglesia.
En lo que fue capilla anexa a
Con el tiempo va desapareciendo los recuerdos y tradiciones de dicha iglesia, en el siglo XVIII la más principal de Cádiz, como eran las casas más principales las de aquel barrio de comerciantes y navieros.
Los cultos religiosos, tanto cuando era convento o cuando empezó a figurar como parroquia, fueron tan numerosos y suntuosos, que pudieron superar a los de nuestra patrona,
Lo que fue una de las mejores iglesia-convento de esta ciudad al ser casi demolida totalmente por los siniestros sufrido a lo largo del tiempo.
Es hoy una modesta iglesia, cosa curiosa resulta que pese a todo cuanto ha sufrido esta iglesia, su torre sigue como en un principio.
En la parroquia de
Los Miércoles Santo Cofradía de
Y los Viernes Santos salen en procesión




















