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sábado, 14 de julio de 2012

El Observatorio de Cádiz

El castillo de la Villa, observatorio


En 1753 Jorge Juan funda un observatorio astronómico, que emplazó en el torreón, del castillo de la villa gaditana, conocido como “Castillo Viejo o de la pólvora. La situación del castillo era la siguiente: ocupó el final de la calle San Juan de Dios, el llamado alto del Monturrio, en el ángulo SE del recinto medieval, en el lugar en que hoy se encuentra la guardería, contiguo al Arco de los Blancos.

Vicente Tofiño explica así la instalación del Observatorio en el torreón del castillo:” La pieza destinada para las observaciones astronómicas es una sala que tiene once varas y media en cuadro, y está formada sobre la espesa y fuerte bóveda de un torreón antiguo, cuya construcción y figura dan bastantes señas de ser obra de los romanos. La anchura de sus muros y firmeza de sus cimientos hacen de este edificio uno de los más sólidos de Cádiz. Los cuatro ángulos del Observatorio se dirigen a los cuatro puntos cardinales y por la parte del Sur se descubre el horizonte del mar, que está regularmente limpio y claro, por la bondad del clima y bella situación de Cádiz” 

De 1748 a 1750 Jorge Juan viaja a Londres y Paris en misión oficial y aprovecha para adquirir libros con destino a la biblioteca de la academia.

Por aquellos años se cierra el Colegio de Navegación que tenían  establecido en Cádiz los jesuitas y Carbonell logra para la academia la más documentadas de obras de matemáticas que poseían. Los libros adquiridos en Londres eran de los más valiosos y costosos de su tiempo.

Al instalarse el Observatorio, se conoció al castillo por “Castillo de Guardiamarinas”. Nuevos huecos se hicieron en troneras y tragaluces para colocar los aparatos propios de la astronomía. Encima de su puerta principal figuro durante muchos años el letrero; “Capilla, Cuartel y Observatorio de Guardiamarinas”.

Los oficiales y guardiamarinas efectuaron ensayos prácticos y desplazamientos con el maestro D. Luis Godin a Trujillo para observar el eclipse de Sol que tendría lugar el 26 de octubre de 1753, con el fin de fijar la longitud de la ciudad, comparando la observación con la que habían de hacer los astrónomos en Paris y Lisboa.

Con ocasión del traslado del Departamento a la Isla de León, Jorge Juan dirigió un escrito al ministro de Marina en el que exponía los inconvenientes que encerraba el mover de su colocación los instrumentos de la academia y Observatorio para su mudanza, mientras no existiera en aquel lugar paraje propio en que situarlos. 

Sometido al rey el asunto, dispuso no se tocasen por ahora y subsistan donde están, al cuidado y cargo bajo llave, con el fin ha de quedar con alojamiento en el castillo, hasta tanto no se trate de formar Observatorio en la Isla”.

En el Observatorio de Cádiz, trabajaron muchos científicos, que después ocuparían relevantes puestos en la Marina, entre ellos se incorporaron en mayo de 1783, para el estudio teórico y práctico de la astronomía bajo la dirección Tofiño: fueron José Vargas Ponce, Alejandro Belmonte José Luis Espinosa Tello, Luis María de Salazar y Julián Ortiz Canelas.

Algunos de ellos fueron a la vez que oficiales del Observatorio, maestro de la Compañía de Guardiamarinas.

Desde los tiempos del rey Sabio se hallaba la astronomía casi olvidada en España. Jorge Juan trató de restablecer en el observatorio que creó en Cádiz dependiente de la Real Compañía de Guardiamarina, cuyo capitán era entonce. Al no haber escasez de medio económico en la segunda mitad del siglo XVIII, se pudo dotar al Observatorio de Cádiz de muchos instrumentos, trayendo de Inglaterra los más clásicos y costosos de su tiempo, entre ello un mural muy apreciable, construido por John Bird. 

D. José Mazarredo Salazar en una instrucción en diciembre de 1788, decía, que “ni el quinto de los Observatorio extranjeros, puede compararse al nuestro en el sentidote instrumentos y que el rey tiene un tesoro en este género”.

Aprobada por la superioridad la erección de un nuevo observatorio en la Isla de León, fuero trasladaron desde Cádiz los instrumentos y enseres en agosto de 1797. Muchos de estos instrumentos habían sido enviados desde Londres, por D. Juan Jacinto Magallanes.

El traslado del Departamento a la Isla de León paralizó las tareas que desde algún tiempo efectuaba en el Observatorio Tofiño.

Una R.O. de 27 de junio de 1783 ordenó de inició de las tareas de confección de cartas marítimas de la península.

Desde 1786 se apreció la necesidad de destinar al Observatorio algunos de los oficiales que sobresalieron en el primer curso de matemáticas sublimes de Cartagena y Ferrol, junto a otros que destacaron en la profesión marinera. De esta forma se logró la maestría en el manejo de los instrumentos astronómicos-náuticos, en los cálculos de distancias y en otros casi desconocido en la Marina.

martes, 15 de noviembre de 2011

Academia de Guardiamarinas


Placa situada en el barrio del Pópulo

Hay quienes afirman que la academia de guardiamarina de Cádiz se fundo en 1717. Existe constancia de que a fines de 1716 su creación estaba decidida.

En la sección de manuscritos del Museo Naval figura una carta, fechada en noviembre de 1716, animando a la juventud a incorporarse al servicio de la Marina, ya que el Rey había determinado restablecer este importante cuerpo. Agregaba que la carrera había que ser de las más sobresalientes en el ramo de las Milicias, serían sujetas distinguidas los que ingresasen en ella.

Fue la compañía una de las obras que creó e impulsó en la Armada la fecunda mente de Patiño. Fue establecida en el Departamento Marítimo de Cádiz, fijando su sede en varías casa contiguas al Ayuntamiento, que se alquilaron para tal fin, enclavadas en el barrio del Pópulo.

La institución comprendía academia, biblioteca y armerías, que se instaló en un caserón perteneciente a la nobleza, y a la “posada” o cuartel, que empezó a funcionar algo más tardes, los guardiamarinas no estaban en un principio acuartelados.

El Ayuntamiento en marzo de 1717, cedió algunas habitaciones contiguas a la Cárcel Real. Hubo además otras ampliaciones a medidas que aumentaba el número de alumnos. En 1754 se ocupó otra casa de la formada de los Villavicencio y la que llamaban “casa del canónigo”.

Todas estas casas alquiladas por la compañía dieron lugar a que la calle donde estaban situadas se conociera como la de “Posada de la Academia”.

En la actual calle de San Antonio Abad, contigua al Ayuntamiento, existía un pequeño arco que era conocido por “arquillo de la academia”.

En el mismo año de la fundación de la compañía de guardiamarinas, y por influencia de Patiño del insigne marino gaditano D. Andrés de Pes, Felipe V, por Real Cédula firmaba en Segovia en mayo, dispuso el traslado a Cádiz de la Casa de Contratación y el Consulado de Indias de Sevilla, que radicaba en esta capital desde enero de 1503, firmado por los Reyes Católicos en Alcalá de Henares. El cometido de dicho organismo era dar mayor impulso a las expediciones ultramarinas.

El 7 de febrero de 1717 ya se contaba con los 37 primeros futuros alumnos. La mayor parte eran vascos y habían embarcado en Pasajes en los navíos “San Luis, “San Fernando”, “San Juan Bautista”, arribando en Cádiz el 13 de mayo, lo que hace pensar pudiesen iniciarse las clase el 15.

El cuerpo de guardiamarinas estaba considerado como tropa de la Casa Real.

El primer guardiamarina de los inscritos en febrero de 1717 fue D. Esteban Reggio y Gravina, príncipe de Yache.

La banda de música con que contaba la compañía era muy popular en Cádiz. Los conciertos que se ofrecían en el Ayuntamiento con ocasiones de las proclamaciones reales, corrían a cargo de ella.

El uniforme lo costeaba el Cuerpo y se renovaba cada dos años. Percibían de sueldo quince escudos de vellón al mes.

Al principio se exigía para ingresar en la academia, prueba de nobleza o ser hijos de militares de empleo no inferior a capitán; pero de estudios sólo se pedía examen de las cuatro reglas. La edad exigida era entre 14 y 18 años. Con estas condiciones se le entregaba la carta orden de guardiamarina. Podrían ingresar sin acreditar cuarteles de nobleza y con más edad, pero en calidad de aventureros. De esta forma ingresaron marinos ilustres.

El mismo año de su creación la compañía opera con tropas de la Casa Real, con las Reales Guardias Españolas y las Valonas, en la compaña de Cerdeña. En agosto de 1717, cien guardiamarinas a las órdenes de Navarro embarcan en el navío Real. Formaba parte de la primera expedición de Alberoni confiada al Marqués de Mari. En menos de dos meses se posesionaron de la isla, distinguiéndose notablemente los cadetes en la ocupación de Caller. Al regresar la expedición se inició un incendio en el navío, poniéndose a prueba en los trabajos para sofocarlo el temple y arrojo de los guardiamarinas.

El Zar Pedro el Grande de Rusia dispuso el traslado a Cádiz de una veintena de aristócratas que iniciasen la plantilla de la Armada Imperial. Una anécdota, uno de ellos, Alejo Bolosens, falleció el 24 de agosto de 1719, mientras cursaba los estudios y parce fue enterado en el Hospital Real, de Cádiz, que por entonces pertenecía a la Marina. En las mismas circunstancias, un par de años antes, en noviembre de 1717, había fallecido el guardiamarina sevillano Juan Manuel Negrete Alcántara, fue inhumado en la Catedral gaditana.

“Las Ordenanzas e Instrucciones que se han de observar en el cuerpo de la Marina de España” julio de 1717, conocidas por “Ordenanzas de Patiño”, trata en capitulo VI, “De los cadetes o Guardia Marinas”, y dice: “ Los cadetes embarcados, se deben principalmente considerar como gente de guerra y parte principal de la que guarnece los navíos; y consiguientemente, deben ejecutar lo mismo, que los soldados, que se hallen en ellos en lo tocantes a guardias, con la sola diferencia del paraje, y forma con que se les mandará ejecutar por los capitanes de los navíos…”

La academia tenía imprenta propia, que presentaba los trabajos más cuidados de la época. Más tarde imprimiría libros tan conocidos como el “Compendio de Navegación para el uso de caballeros guardiamarina”, de Jorge Juan; Aritmética, Geometría y Trigonometría rectilínea; Artillería. En 1790 ya la academia en la Isla, Mazarredo publicaría sus “Lecciones de Navegación”.

El 2 de marzo de 1728, los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio, vista Cádiz. Desde el balcón del Ayuntamiento presencia una parada militar. La Compañía de guardiamarinas formaba con otras fuerzas, a la derecha de la guarnición en la Puerta de Tierra y en el desfile realizaron evoluciones y ejercicios de manejo de armas.

La “Posada” tenía pared mediadora con el Ayuntamiento, por cuyo uso se entabló pleito con el conde de Alcudia, hasta que por un reconocimiento pericial se demostró que formaba parte de la antigua muralla, propiedad por tanto de la ciudad.

La posada de la Academia, se conoció más tarde como “Posada del Caballo Blanco”, por estar instalado en ella un teatro para aficionados que llevaba aquella denominación.

Al trasladarse el Departamento a la Isla de León (San Frenando) por decisión de Carlos III, la academia queda instalada en la “Casa del Sacramento.

El destino del primer centro docente militar de España fue. A fines de 1770, al haber aumentado la guarnición de Cádiz, es habilitada la academia para albergar tropas. Al quedar desocupada fue arrendada por un particular.

Al objeto de ampliar el edificio, el Ayuntamiento la adquirió a finales de 1861 la academia que era contigua y posteriormente la posada, parte de cuyo solar fue destinado a vía pública. Finalizaron las obras en 1864.

Plano donde estuvo ubicada la Academia de Guardiamarinas y La Posada de la Academia en el barrio del Pópulo

sábado, 24 de septiembre de 2011

Oteadores gaditanos


Torre Tavira vista desde un cierro desde la calle Sacramento

Desde los primeros tiempos los vigías de las poblaciones con puerto de mar, tenían una función militar: la de vigilar la posible presencia de buques sospechosos que pudieran atacarlas, por lo que se hallaban situados en lugar estratégicos para poder alertar a las baterías de defensa. Posteriormente con el incremento del comercio marítimo, también se establecería oteadores del tráfico de buques.


Aún se conservan en muchas casas del casco viejo de la ciudad, atalayas destinadas a servicios de vigilancia. La torre de San Sebastián y el torreón del castillo de la villa (que sería más tarde Observatorio de Marina), eran entre otras, emplazamientos de vigías.


Al principio del siglo XVIII, ya se contaba en Cádiz con una plantilla de vigías, durante la Guerra de Sucesión, cuando apareció en aguas gaditanas la escuadra anglo holandesa del almirante Rooke, se distinguió por sus sobresalientes servicios.


La Torre de Vigía era una dependencia de Marina a las órdenes del capitán general del Departamento y en lo referente a la plaza se hallaba a las inmediatas órdenes del comandante del Tercio Naval. Tenía imprenta, que editaba el parte oficial del vigía, órgano del movimiento de buques y de la importación y exportación, tanto de las colonias de ultramar como del extranjero. Poseía silueta de todos los buques de la Armada y un archivo de partes oficiales. También contaba con un teléfono que se comunicaba con Capitanía General en la Isla de León.


Merece destacarse el de la entrada en el puerto de la escuadra combinada, que procedente de Ferrol, combatiría en Trafalgar, detallando nombre de cada buque y de su respectivo comandante.


El gaditano vive cara al mar y conoce perfectamente las señales del vigía. Una bola en el tope del mástil, indicaba que un vapor procedente de Sevilla pretendía entrar en puerto; una bola en el extremo Sur, si el buque procedía del Mediterráneo; una bola en la parte Norte, si venía del Oeste; si la bola estaba en el crucero, el buque provenía de Gibraltar. Las mismas señales con un gallardete se ponían cuando las unidades eran de guerra.


A mediados del siglo XIX, la Torre de Vigía deja de pertenecer a Marina, dependiendo de la Corporación de Prácticos. Por esta misma época pasan al Ministerio de Comercio las Escuelas de Náutica, y en 1846 se declara a extinguir el Cuerpo de Piloto de la Armada. Todos estos servicios y otros análogos, formarían la Marina Civil.


El puesto de vigía en Cádiz tuvo varios emplazamientos. Primero en el barrio de Santa María, en la casa conocida por la del P. Calderón. Pasó después a la calle de San Pablo; esquina José Cubiles en el barrio de la Viña, que por este motivo se conocido por la “casa de las banderas”. De esta paso a la que hoy es plaza de San Antonio, esquina a la calle Buenos Aires. Posteriormente se cambió a la plaza de viuda esquina a Vea Murguía.


Los frecuentes cambios de desplazamientos, obedecían a que ninguno de los citados reunía las adecuadas condiciones para el servicio, lo que se logró al trasladarse en 1778, a la actual Marqués del Real Tesoro (torre Tavira).


De todos los miradores gaditanos, era la Torre Tavira el más importante al encontrarse en el lugar más alto. Desde ella se divisan además de todas las azoteas gaditanas, Puerto Real, Puerto de Santa María, Rota, Santi Petri. Cuando el horizonte está nítido, se vislumbra la costa africana. Ciento sesenta y sietes escalones acceden al paisaje más bello e impresionante de la ciudad.


La torre tiene una altura respecto del suelo de la calle, de 34,55m y de 41,23, desde el nivel del mar.


Todos los autores que tratan de esta torre citan como dato curioso que desde ella se divisaban los navíos de tres puentes. Se afirma igualmente que su campo visual se extiende a más de cien kilómetros.


domingo, 14 de agosto de 2011

Orígenes de la Sanidad Naval en Cádiz

Hospital Real – Escuela de Cirugía

Cuando aún no se había formado el imperio español de Carlos V, a la otra orilla derecha del río Guadalete en Puerto de Santa María, junto a la ermita de Santa Lucía surgió en 1512 un hospitalillo marinero.


A mediados del siglo XVII, cuando el invernadero porteño pierde su pujanza militar y cuando se hace el trapazo de galeras y dependencias navales a Cartagena, no por eso la bahía gaditana pierde importancia en lo tocante a la sanidad naval. Cádiz que en 1630 era ya plaza fuerte, recoge en parte la asistencia hospitalaria que de la otra ribera de su bahía se escapaba.


En marzo de 1634, por mandato del Rey al duque de Medina Sidonia, capitán general del Océano: “he resuelto se dé un hospital para cura de enfermos” en el centro de Cádiz. Con anterioridad los enfermos navales se atendían en el Hospital de la Misericordia de la plaza de Corredera (San Juan de Dios), que al parecer data de principio del siglo XVI.


Tampoco existen referencias concreta de un hospital que asistía a los apestados perteneciente a Marina sito a espalda de la pequeña ermita de San Antonio a principio del siglo XVI, en campo de la Jara (actual plaza de San Antonio) y que estaba regentado por la hermandad de este Santo. De este hospital solo se ha podido determinar que existía en 1651, bajo la advocación de San Antonio. Es posible sea el mismo del que se anunció su necesidad al duque de Medina Sidonia, debido a estar situado en el centro de la ciudad. Al derribarse la ermita emplazada en lo que hoy es patio de la parroquia de dicho nombre, se construyó el actual templo.


También se alojaban enfermos en los almacenes de la casa de la munición, junto a la Puerta del Mar.


Estos orígenes de las asistencias navales sanitarias a Cádiz y población próximas. Analizaron cómo se fundó en la ciudad el primer establecimiento de esta clase. El gran historiador fray Jerónimo de la Concepción, en su obra “El Emporio del Orbe”, decía sobre este particular: “A la parte del poniente y no lejos del castillo de Santa Catalina, en el sitio llamado del Campo Santo, que por los años 1648 sirvió de cementerio a más de doce mil personas, que murieron por aquel contagio de la peste, que fatigó a Cádiz. En este sitio determinó la cofradía del Santo Ángel, se erigió dicha ermita de madera el año de 1653”, después la reconstruiría de piedra.


El cabildo no solo aceptó la propuesta sino que regaló dichos suelos, que eran propios de la ciudad, aportó mil ducados de vellón y con las aportaciones que hicieron los Veedor Generales de la Armada (cuya casa dio nombre a la actual “calle del Veedor”) y los cuatro mil que envió la Corona, se construyó el Hospital del Rey.


La ciudad cedió los dos mil ducados y el terreno para erigir, contiguo a la misma, un hospital para atender a la curación de los soldados de la Armada. La primera piedra se colocó en 1667. La ermita quedó incorporada al hospital. El Hospital Real se construyó inicialmente con sólo su primer patio, porque comenzó de inmediato a recibir enfermos, desde entonces permanentemente tuvo que ir creciendo y remodelándose. Las salas altas fueron levantada en 1680, en 1749 se construye, anexo a él, el edificio del Real Colegio de Cirugía, y poco después, en 1751, se inicia el segundo patio del hospital.


Consta de dos plantas. Durante varios años de la mitad del siglo XIX, la alta estuvo destinada a personal civil.


En 1668, queda instalado el Hospital Real, que ha legado a la historia médica un manantial de enseñanzas, desde la instauración de la Casa de Borbón y gobierno de Patiño, hasta la guerra contra el invasor francés.

Se terminó de construir mediante la propuesta al Ayuntamiento. Posteriormente en 1697, se mandó dar al Hospital Real, para Campo Santo, un lugar de cien varas de cuadro, dejando entre éste y el mismo hospital, un callejón de quince varas. En 1701 por petición del administrador, se concedió franquicia de derechos de aduana para los efectos del consumo.


Este centro sanitario engendró en su recinto el famoso Colegio de Cirugía, primer instituto de enseñanza quirúrgica en España, que alumbró otras en Barcelona, Madrid y otras capitales.


Al Hospital del Rey concurrían todos enfermos de la guarnición de la plaza y sus inmediaciones, y los de la Armada.


Los estatutos del Colegio de Cirugía fueron decretados por Fernando VI en San Lorenzo el Real, en 1748. El Hospital Real fue una clínica que hoy llamaríamos Universitaria. Los maestros y cirujanos impartían clases semanales para profesores y alumnos.


En los primeros cursos abundaban bachilleres y doctotes. En resumen, era una institución extrauniversitaria modelo de facultades universitaria. Era uno de los primeros centros en que se cursaban fusionados y obligatorios los estudios de medicina y cirugía. Poseía una biblioteca en la que abundaban obras clásicas, que se hallaba abierta al público.


Era materia para ingreso, Latín, Filosofía y Lógica. Tuvo época en que sus plantillas estaban cubiertas

.

Pedro Virgili fue cirujano mayor del cuerpo de Sanidad de la Armada, abandonaría el cargo en 1758, por haber sido nombrado Cirujano de cámara del Rey Fernando VI. Continuando en el cargo durante el reinado de Carlos III.

Por R.O. en octubre de 1817, no llevándose efecto hasta el 1823, el Hospital del Rey pasó al Ejército, por ser grande el gravamen que producía a Marina.

Así como el Hospital del Rey, fueron surgiendo otros centros hospitalarios: en el castillo de Santa Catalina, hospital de los Mártires, de la Bomba, de San José del Puntal y el de la Aguada, estos dos últimos con miras ya al Departamento de la Isla de León. Así pues, la sanidad naval se va desglosando de Cádiz, donde había estado demasiado tiempo vinculada a los recursos del Hospital Real.


Las últimas vicisitudes del Hospital Real, al excesivo número de enfermo, en marzo de 1777 se solicitaron ampliar la enfermería, se habilitan almacenes para acoger a un buen número de ellos. En abril se autoriza a recoger enfermos del hospital en el almacén del Hospicio (plata baja y alta) el 19 del mismo mes habilitan igualmente para dicho fin, con carácter temporal, los salones de bolas y trucos de la calle Santa Rosalía. Como el número de enfermo aumenta, el 8 de mayo siguiente, son acondicionadas las cuadras del Hospicio de la Caridad y la parte que como cuartel, alojaba al batallón de Toledo en el castillo de Santa Catalina. Mas tarde, en 1778, vuelve a ser habitada de hospital esta parte de dicho castillo.


A fines del siglo XVI contaba Cádiz con varios hospitales que acogían soldados y marineros enfermos. En noviembre de 1790, se inaugura el provisional de San José en el Puntal, instalado en unos almacenes. En septiembre de 1793, se pide local para la escuadra del general don Francisco Borja y Borja con urgencia para heridos y enfermos. Se le aloja en la Segunda Aguada.


En cuanto al Real Colegio de Cirugía de la Armada, por R.O. en octubre de 1821, se separa del colegio, que pasó a ser Escuela de Ciencias Médicas de Cádiz. En 1844 recibió el título de Facultad de Ciencia Médicas.


Al amparo del Real Colegio nacieron publicaciones como la conocida “Revista Médica”.


El pórtico de entrada del Real Colegio de Cirugía de la Armada, que se hallaba situado en el patio de entrada del Hospital Militar, se conserva en la actual Facultad de Medicina de Cádiz. Debido a la reorganización de los servicios de la asistencia sanitaria castrense, el Hospital Militar de Cádiz dejó de funcionar como tal el 20 de diciembre de 1983.


En la actualidad el edificio sirve de sede a diversas instituciones científicas de ámbito autonómico. De la obra original se conserva la portada, patios y pozo.


Antiguo Hospital de Marina

sábado, 2 de julio de 2011

El Hospicio Provincial de Cádiz . Institución benéfica gaditana

Antiguo Hospicio gaditano, conocido en Cádiz por edificio Valcárcel


El antiguo hospicio provincial, con sus 72 ventanas, este antiguo establecimiento de Misericordia creado en Cádiz en 1648, hoy desaparecido, si no su edificio, si su régimen y uso interior.


Hay una crónica muy antigua y que se expresa en los siguientes términos: “Este que veis aquí de graves aspecto, de alto puntal, exterior limpio y desembarazado, de alegre ojos que miran a Poniente, las alas y galerías a amplias y soleadas, el patio diáfano y cuadrado, sostenido por sólidas columnas.


El Hospicio de Cádiz antiguo, ubicado donde se encontraba hasta entonce la ermita de Santa Elena, en las inmediaciones de Puerta de Tierra, y del que hizo el inglés Thewonseidh grandes elogios, a imitación del abate Labat, nombrase vulgarmente casa de misericordia, donde estudió a tener resignación en las desgracias; perdió en la Guerra de la Independencia buena parte de sus aledaños.


Fueron sus principios tan miserables que apenas podían sustentar a los ancianos y desvalidos sacerdotes; más tarde se trasladó a otro lugar en forma de ermita dedicada a Santa Elena, y luego, ya en el que hoy ocupa, se aumentó y engrandeció merced a la nunca bien alabada Hermandad de la Santa Caridad, que arbitraba todo género de recursos a fin de procurar su mayor engrandecimiento.


El rey Felipe V autorizó al Hospicio para organizar en todos los días feriados de los meses de junio, julio, septiembre y octubre, corridas de toros en la plaza de San Roque, frente a los cuarteles y algunas funciones en el teatro de la Opera. No alcanzaron los resultados de tales fiestas a cubrir los gastos de la piadosa institución.


Todo el vecindario se dispuso a proteger al Hospicio y contribuyeron los más acaudalados comerciante con sumas considerables, y los menos pudientes con géneros y artículos de primera necesidad y comenzaron a recibirse donativo, patronatos, fundaciones y otras ofrendas que produjeron una renta saneada capaz de engrandecer el instituto.


En 1764 se acordó enviar a Méjico un Hermano de la Caridad para que recaudase limosnas con destinos a las obras, con la imagen del Niño Jesús limosnero; de igualmente se hizo en el Perú. El Hospicio fue en auge.


Durante el sitio de Cádiz, presta la Casa importantísimos auxilio a la causa nacional. En 1809 pidió el Gobernado las salas de corrección para establecer la Fabrica de la Moneda y más tarde la sala de mendigo, que daba a la calle la Rosa. En 1810 ocuparon la tercera parte del edificio las tropas de Alburquerque, 2200 soldados, de los cuerpos de Reyna, Irlanda y Murcia. En 1813, en el patio, celebrándose el gran baile de Wellington, duque de Ciudad Rodrigo, organizado por el duque de Hijar, marqués de Orari y conde de Arena y Salvatierra.


El Hospicio de Cádiz, fue una de las instituciones benéfica gaditana, que contaba con su génesis y curso correspondientes y nada comunes.


Ocupó, y aún ocupa, ya que el soberbio edificio no sufrió hasta hoy la locura de la piqueta, su actual emplazamiento desde 1740.


De entre las muchas curiosidades, las primeras naturalmente, las relacionadas con los llamados terrenos del Hospicio y del Arroyo del Salado. En la parte Oeste del recinto de Cádiz tuvo en la antigüedad diversos nombres: el salado, el de Campo Santo y el de Campo de Santa Catalina, según se tratase de la situación a la izquierda o a la derecha, mirando a la mar, cuya última denominación vino a tomar desde que el ingeniero militar Cristóbal Rojas contrajo en 1598 el castillo a ciudadela de ese título.


A la primera posición correspondía el terreno sobre que se levantara nuestro Hospicio y las manzanas de caserío que mediaban desde la línea de su fachada posterior hasta la Plaza de la Reina, comprendiendo entre las calles de la Rosa y el callejón de Peñalva. Tomaba el indicado nombre del Salado, de cierto arroyuelo cuyo cause o barranco que pasaba por ese sitio, y seguía por el Campo Santo, donde hasta bien entrado el siglo XVIII tuvo su alcantarillado frente al Hospital de Rey, dio nombre a la calle de la Zanja, que también se llamó del Mar y de la Laguna del Campo Santo. Anteriormente, hasta la segunda mitad de dicho siglo, estuvo ocupado todo aquel espacio por las viñas y cererías, pudiendo designarse ente otras, la viña del Malabar o Mal Abad (según D.Adolfo de Castro), que venía a estar frente a la antigua Puerta de la Caleta, y dio nombre a esa parte el del barrio de la Viña, la huerta del Marqués, sobre cuyo suelo se emplazó el Hospicio por la comprar que hizo la Hermandad de la Caridad al marqués de Val-Hermoso en 46760 reales de vellón. A los alrededores de este Hospicio hubieron de darle la gente el nombre de Mundo Nuevo.


En el Hospicio de Cádiz en sus aulas recibió la primera educación la famosa tiple de ópera Sr. Montenegro, que alcanzó un colosal éxito en el Teatro de San Carlos, de Nápoles, con la Norma, de Bellini; mereciendo que se acuñara una medalla de oro, que existe en el Museo Bordírio de dicha ciudad.


Las innovaciones y reformas llevadas a cabo en el Hospicio, han transformado totalmente el interior, y aún parte del exterior, el lugar que antiguamente ocupaba el altar mayor de la capilla del Hospicio, eran los pesebres y establo del Mesón de Santa Elena.


En el Hospicio, también albergó enfermos mentales, el edificio llegó a acoger en el 1861 a unas 12000 personas más el personal, el edificio se quedó pequeño para tanta cantidad de persona por lo cual se trasladó la sección de dementes al convento de Capuchinos.


Este edificio fue durante el último cuarto del siglo XX un colegio e instituto (Valcárcel), en la actualidad cerrado, esperando lo que van hacer con él.


Hubo un proyecto para el 2012 de convertirse en hotel de lujo en pleno barrio de la Viña y en frente de nuestra siempre bella “Caleta”





martes, 9 de febrero de 2010

Casa - Palacio Moreno de Mora

casa palacio Moreno de Mora en la calle Ancha


A mediado del siglo XIX, Don Manuel Moreno de Mora, adquiere tres casa en la calle Ancha, arteria principal del Cádiz intramuros, y otras cuatro en la calle Murguía (hoy Canovas del Castillo), edificios cuyo derribo ordena para construir sobre el solar una Casa-Palacio (estilo isabelina), el arquitecto que proyectó la Mansión el celebre Don Juan de la Vega y Correa.


Para gran parte de la fachada, toda pavimentación interior, escalinatas, columnas y balaustres de galerías, se utilizó exclusivamente mármol traído de Carrara (Italia).

El portalon principal de la calle ancha y la puerta de acceso al palacio, se hicieron de valiosísimo palo-santo.


Bajo la majestuosa escalera doble, y detrás de una estatua de Paganini, se abrió paso a un recoleto jardín interior, por el cual se accedía a las cocheras sitas en la calle Murguía.


Don Manuel Moreno de Mora no pudo ver finalizado el palacio; falleció en Cádiz a los 80 años, en mayo de 1861, su viuda y su hijo Don José, continuaron impulsando los trabajos los que se dio cima el 1862.


El Excemo. Ayuntamiento de Cádiz solicitó la mansión de Mora, para celebrar un baile de gala en honor de Sus Majestades, que tuvo lugar en septiembre de 1862.

La última vez que, en vida de don José Moreno de Mora, se abrieron los salones de su Casa-Palacio, fue con el solemnísimo motivo del gran banquete dado en honor del joven Rey Alfonso XIII en año 1904.


En esta última etapa de la vida del palacio puede destacarse una intensa actividad literaria y académica, muchos académicos, artistas e intelectuales han frecuentado la calle Ancha.


domingo, 31 de enero de 2010

La Merced

Torre de la Merced


Esta iglesia ha sido de las más ricas é importantísima su fundación en tiempo de cautivos, cosa no tan antigua, pues aún en el siglo XVIII, en aguas de Cádiz y en la costa del puerto, hacían presas los bajeles corsario, como consta de muchos aviso para que se tomaron precauciones, que hemos leídos en las actas capitulares.


Los mercedarios prestaron buenos servicios en aquel entonces, y Cádiz abonó en gratitud de ellos su devoción y afecto en el templo popular del barrio alto.


Por el año de 1626, se proyecto de funda, en el barrio principal, una casa de Orden de Mercedarios descalzos, pues ya había noticia de los piadosos propósito que animaban a un rico caballero de Indias, de dedicar sus bienes a la erección de un convento y magnifica iglesia, no surtieron el resultado que era de prever.


En 1629 se erigió el convento de la Merced en las casa del Caballero de Cristo.

Cuentan que se vieron milagros patentes, como un ángel que con estola cruzaba sobre el pecho recorría los contornos del convento y que por esta aparición se pintaron, en el altar mayor, dos figuras de ángeles custodios, ni estos efectos sobrenaturales lograron acabar la campaña emprendida contra la nueva iglesia.


Ostentaba el templo en sus primeros felices tiempos muy ricas alhajas y cosas de méritos: un terno de tela pasada de flores, como no hubo otro en España, adquirida en Milán, una imagen de Ntra.Sr. de la Esperanza, escultura en mármol, italiano, de singular belleza (hoy en la Catedral), dos estatuitas de Ntra. Señora y San Antonio y otra de San Serapio, unas curiosas pinturas de buena escuela, española, la imagen del Dulce Nombre de María, en cuya capilla se reunían los Caballeros de las Ordenes Militares, que hacían procesión tradicional los 17 de septiembre, el magnifico cuadro de Zurbarán, la Virgen y los Santos fundadores de la orden Mercedaria, lienzo ahora de propiedad particular, y otras pinturas de valor relativo distribuida por el templo.

Fue este preferido por la nobleza local para las grandes solemnidades religiosas y no menos para establecer sus entierros y cofradías.


El marques del Pedroso (familia Colarte), con su casa solariega en la calle hoy Suárez de Salasar, los Lilas y Sopranos, condes de Rió Molino, las Casa Rojas, los Lasquetty etc., eran asiduos asistentes, entre otras, cuadros de gran meritos y esculturas muy apreciables.


En cuanto, al interés artístico de la iglesia no es extraordinario, pero si digno de estima, su arquitectura es reglada, de una sola nave de cañón, con buenas luces, orcos toral que ocupa el altar mayor, su retablo algo recargado, es de mucho efecto y de líneas graciosas (atribuido a Saavedra) y un espacioso camarín de medio punto donde se manifiesta el Santísimo.


El cuadro de san Cayetano dicen que es de Murillo, y supuestamente el techo de la Sacristía de la Merced es obra del excelentísimo pintor hijo de Cádiz Clemente de Torres.


Efectuaron se las obras de la Merced en los años 1628-29. Cuando los grandes motivos y revueltas, los frailes de la Merced acogieron en su templo y custodiaron los personajes furtivos: más tardes los mismo frailes se alistaron para la guerra de la independencia y formaban en la ciudad un batallón completo; pasado el tiempo la revolución intentó derribar la iglesia y destruyó lo mejor de ella: parecieron libros y objetos de valor, no quedó recuerdo de la capilla adjunta al templo mismo y de la del Cristo de Paño, que era devoción de la gente de la mar, al igual que su primitiva Titular y el Cristo del Perdón, desaparecidos entre las llamas, más tarde el obispo Fray Félix restauró en Cristo el extinguido convento, sin poder reparar lo ya perdido.


En 1873 se cerró y con las imágenes depositadas en San Agustín, en 1875, se abrió de nuevo la iglesia.


En lo que fue capilla anexa a la Merced, estuvo la fábrica de gas y más tarde una escuela de niñas, fundada por el obispo Calvo y Valero.


Con el tiempo va desapareciendo los recuerdos y tradiciones de dicha iglesia, en el siglo XVIII la más principal de Cádiz, como eran las casas más principales las de aquel barrio de comerciantes y navieros.


Los cultos religiosos, tanto cuando era convento o cuando empezó a figurar como parroquia, fueron tan numerosos y suntuosos, que pudieron superar a los de nuestra patrona, la Virgen del Rosario, y hasta se ha considerado a la Virgen de la Merced, o de las Mercedes, co-Patrona de Cádiz, antiguamente formaba parte del cortejo procesional en la fiesta del Corpus.


Lo que fue una de las mejores iglesia-convento de esta ciudad al ser casi demolida totalmente por los siniestros sufrido a lo largo del tiempo.


Es hoy una modesta iglesia, cosa curiosa resulta que pese a todo cuanto ha sufrido esta iglesia, su torre sigue como en un principio.


En la parroquia de la Merced se encuentran cofradías, con muchos arraigos en la ciudad, Sentencia y Las Siete Palabras, y la archicofradía de la Merced y la imagen de Nuestra Señora del Amor Hermoso, es una obra anónima encontrada en la playa de la Caleta a la que Miguel Láinez Capote le añadió nuevo cuerpo en año 1950.


La Virgen de la Merced, fundada en 1629 y agregada a la Archicofradía o Primera Esclavitud de Roma en 1776. Compatrona de la ciudad de Cádiz siendo proclamada en 1885, por el alcalde Sr .Don Adolfo de Castro y Rossi, muy devoto a ella. En 1939 fue instituida Patrona del Cuerpo de Prisiones de España.


Los Miércoles Santo Cofradía de La Sentencia, en 1939 se crea la comisión pro-cultos por un grupo de estudiantes que deseaba dar culto a un Cristo Cautivo que primitivamente se encontraba en el desaparecido convento de las RR.MM. Agustinas Recoleta, situado en la actual plaza de Candelaria, realizo su primera salida procesional en 1940.


Y los Viernes Santos salen en procesión la Hermandad de las Siete Palabras, fundada en 1944 por iniciativa del entonces gobernador civil de Cádiz, dándose culto público a un magnífico misterio que hoy en día se encuentra en la Capilla Baja del Oratorio de la Santa Cueva. Fue reorganizada en 1983 por decreto del obispo, su salida procesional se reinicia en 1987, desde la iglesia de San Juan de Dios.