sábado, 15 de mayo de 2010

El Cádiz burgués



C/ Manuel Rances, nº6 Cádiz


A comienzo del siglo XIX, Cádiz es ya una ciudad urbanísticamente terminada. Su reducido perímetro, totalmente amurallado, encierra un espacio caracterizado por calles estrechas y edificios altos. La ciudad vive contenida por sus defensas de espaldas al camino del arrecife, única posibilidad de expansión.


Los cambios que se dan durante este período son pocos pero significativos. No debe olvidarse que suponen un renovado concepto de vida ciudadana que viene dado por la nueva mentalidad de clase dominante: la burguesía.


La apertura de plazas y mejoras de espacios públicos caracteriza, desde el punto de vista urbanístico, al siglo XIX. En zonas de antiguos conventos se construyen plazas que hermosean la ciudad y proporcionan lugares necesarios para el paseo y el esparcimiento.


La carencia de estos espacios de recreo preocupó, constantemente, a los responsables de la Administración Municipal que aprovechan las escasas zonas libres para transformarlas en paseos que aliviaran las inconveniencias de las calles estrechas y poco soleadas.


El gusto por la calle estaba tan generalizado en nuestra ciudad que constituía, el lugar de reunión de vecinos y forasteros, que en pequeñas tertulias discutían y comentaban los sucesos del día. En la calle se daban encuentro altas personalidades de la política, la literatura, el ejército y la buena sociedad, en unos momentos en que Cádiz era el centro neurálgico de la política nacional.


A lo largo del siglo el aspecto de la ciudad se remoza y mejora con el nivelado, adoquinado y empedrado de estas calles que, además, disfrutan desde época anteriores de un sistema de alcantarillado que, aunque obsoleto, las mantiene, relativamente, limpias y saneadas.


La falta de agua imposibilitaba progresar adecuadamente en el saneamiento urbano, agravando las deficiencias del servicio, así se reconoce en el año 1861, por el Alcalde Juan Valverde.


Más tarde comprobaremos como la llegada de las aguas canalizada no solucionó totalmente el problema al no conseguirse la cantidad necesaria. De todas formas, Cádiz era una ciudad cómoda y limpia a juzgar por las opiniones de los viajeros de la época, y por el celo que en asuntos de limpieza manifiestan las Ordenanzas y Reglamentos Municipales.


La modernización del alumbrado a partir de 1845, juega un papel fundamental en la conquista de la calle al proporcionar un ambiente de seguridad y posibilidad el paseo y las tertulias en horas, hasta entonces, inusuales. La ciudad va de este modo perfeccionándose al gusto, siempre, de la burguesía que, controlando el poder político municipal, beneficia preferentemente aquellos barrios donde reside.


Frente a este Cádiz burgués, urbanizado y cómodo, alabado por visitantes y locales, existe otro formato por los barrios populares, donde las mejoras urbanísticas tardan en llegar y la calidad de vida nada tiene que ver con lo expuesto.


En una publicación del año 1890, titulada “Saneamiento y mejoras de la ciudad de Cádiz”, se recoge la falta absoluta de condiciones higiénicas, en todo el barrio de Santa María, con calles estrechas y viviendas inhabitables. Estas condiciones no se limitaban del citado barrio sino que eran extensibles a toda la clase trabajadora, siendo una de las causas que más influyen en el estado sanitario de Cádiz.


Por esta época, según datos con motivos de un proyecto de alcantarillado, la mortalidad en la ciudad se elevaba, casi, a un cuarenta y cinco por mil, cifra verdaderamente alarmante que incidía, sobre todo, en los barrios más necesitados donde las condiciones higiénicas se encontraban en un completo estado de abandono.

Desde mediados del siglo comienza a preocupar el problema de la vivienda en Cádiz, por su escasez y carestía, (esto sigue al día de hoy).


La falta de material de espacio, dentro del recinto amurallado, imposibilita dar soluciones al problema. En este sentido el derribo de las murallas, al principio del siglo XX, supuso, además de desprenderse de la servidumbre militar, gana unos terrenos que la ciudad necesitaba con urgencia.


La expansión de Cádiz, su ensanche, solo era posible en extramuros pero lo impedía su condición de plaza militar, y aunque ya se reconoce como barrio desde el siglo XIX, su desarrollo urbano no comenzará hasta bien entrado el XX.


No generaliza cuando hablan de las características de la ciudad y sus habitantes partiendo, sólo, de la concepción del Cádiz burgués, porque, aún admitiendo que las diferencias sociales no se dieron en gran medida en Cádiz, existían una estructuración social y urbana que evidenciaba las desigualdades económicas; siendo la zona abierta al puerto y a la bahía (noreste)la más rica, mientras que al sur de la ciudad un cinturón de pobreza unía los barrios de la Merced (hoy unido al barrio de Santa María) con el de la Palma (la Viña).


Resulta difícil entender como una ciudad que ha sufrido la carencia de un bien tan necesario, como el agua, ha podido mantenerse y resistir hasta nuestros días; y más incomprensible resulta aún si se tiene en cuenta que en los primeros años del sigloXIX casi duplicó su población por los motivos históricos de todos conocidos.

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