sábado, 7 de agosto de 2010

Cádiz; entre puertas, murallas y castillos

Puerta del Orejon o puerta de La Caleta

Pequeña, hermosa, blanca y luminosa tiene extenso litoral, llanos y marismas y montes gigantescos en su brava serranía. Se presenta llena de castillos por la costa y por las últimas estribaciones de la penibética, donde sus murallas refuerzan las defensas naturales de los contrafuertes de montañas.

Por sus desfiladeros supo Viriato atacar y desgastar con su guerra de guerrillas al invasor romano. En su río Guadalete (río Letar de la etimología céltica) supónese situada la batalla que permitiría la penetración galopante musulmana que les permitiría estar por tierras llanas y de montañas hasta casi mediado el siglo XIV, en que tras la batalla del Salado también en esta provincia los dejaría reducido al enclave granadino. Como tierra de fronteras, tierras de “Nadie” fue propicia para las razias, motivando ello el levantamiento en sus picachos de fortalezas y aún más de torres vigías

Y con toda gloria, en las batallas contra las tropas napoleónicas teniendo en jaque a sus mariscales, y logrando ser la pequeña península de su capital al amparo de sus murallas, el trozo del solar Hispano no hollado por este último invasor.


En el largo litoral que siguiendo el perfil alcanzas 261 Km., aparecen castillos y murallas en viejas piedras por Sanlúcar, Rota, El Puerto de Santa María, San Fernando, en la capital, Sancti-petri (Chiclana), ligeramente al interior, Vejer, Tarifa con su castillo histórico, Gibraltar para defender estas costas tan abiertas y cargadas en la Historia.


Tras este litoral, fácil de recorrer hay que penetrar al interior y vale la pena hacerlo en la búsqueda de sus pueblos blancos y con hermosos castillos, como Zahara, al pie de erguida mole defensiva, Olvera, Arcos y otros, para culminar en la estampa de arte formada por Castellar de la Frontera, donde el pueblo está escondido en el patio de armas del castillo. En la ruta de la cal y del sol, “Pueblos blancos de Cádiz”, este Castellar es pura estampa medieval.


-PATRIMONIO HISTORICO-

La provincia de Cádiz es un territorio de especial importancia estratégica desde la antigüedad. Su ubicación en el extremo occidental del Mediterráneo la ha convertido en paso ineludible hacia el Atlántico y punto de contacto entre Europa y África, de la que apenas está separada catorce kilómetros por el estrecho de Gibraltar. El continuo trasiego de gentes de diversas culturas ha sido conformando su carácter abierto y heterogéneo, pero también ha hecho necesario que su territorio, sus poblaciones y ciudades, se haya ido dotando de los correspondientes sistemas defensivos, para proteger de posibles ataque enemigos.


Ya cuando los fenicios fundaron Cádiz, su colonia atlántica más importante, la denominaron Gadir, que significa lugar fortificado. Pero es a partir de los albores de la Edad Media, mientras se van perfilando los rasgos característicos de las fortificaciones que hoy reconocemos como castillos, cuando contamos con testimonios importantes de estas construcciones en nuestro territorio, en concreto a partir de la conquista musulmana, hecho que intensificó las relaciones con el norte de África, en unas ocasiones por compartir los mismos intereses o en otras por suponer una amenaza.


Tarifa, el lugar más meridional de la provincia y por lo tanto más cercano al continente africano, cuenta con un inexpugnable castillo desde época de Abderramán III. A lo largo de toda la costa atlántica, Barbate, Vejez, Chiclana y Sanlúncar cuentan o contaron con castillos, algunos de tipo ribat, que constituyeron parte de un complejo sistema defensivo apoyado por torres en todo el litoral. En la campiña, Jerez, que adquirió gran desarrollo en época almohade, conserva parte de su recinto murado y en la zona más alta, como característico de las ciudades musulmana, la alcazaba.


Otras ciudades, poblados y lugares estratégicos del interior contaron también con fortificaciones desde época musulmana.


El avance de la conquista cristiana, las disputas por el dominio del Estrecho y la creación del reino nazarí convirtieron el flanco oriental de la provincia entre los siglos XIII y XIV en lugar fronterizo cristiano musulmán. Así desde Olvera, la zona más septentrional de la serranía hasta Tarifa los castillos de Torre Alháquime, Setenil, Zahara, Matrera, Tavizna, Cardela, Jimena, Castellar y Algeciras, unos nuevos y otros ya existentes, constituyeron un sistema defensivo tan completo o más que el de la costa.


La caída del reino de Granada, y el progreso de las técnicas militares desde comienzo de la Edad Moderna fueron convirtiendo algunas de estas fortalezas en residencias de nobles, como los castillos de Arco y Bornos, en simples cuarteles o en lugares abandonados. A sus recios muros ya obsoletos se fueron adosando numerosas construcciones civiles hasta hacerlo en ocasiones difícilmente diferenciables desde el exterior, como ocurre en Vejez o Trebujena.


En la Edad Moderna tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, cobró de nuevo gran interés estratégicos nuestro territorio, especialmente Sanlúcar, entrada de mercancía hacia Sevilla, y la Bahía de Cádiz.


En concreto la ciudad de Cádiz adquirió un doble carácter mercantil y militar, con un potente sistema defensivo.


La creciente actividad comercial de su puerto desde el descubrimiento de América la convirtieron en una importante plaza fuerte entre cuyas construcciones destacan el castillo de Santa Catalina, construido tras el asalto inglés de 1596 por Cristóbal de Rojas, una de las muestras más perfectas de ingeniería militar de la Edad Moderna, y el de San Sebastián, que cierran ambos lados de la Caleta, el lugar más vulnerable de la ciudad.


En la zona más cerrada de la bahía se construyó el castillo de San Lorenzo del Puntal, que junto con el fuerte de Matagorda, situado en la orilla opuesta, impedía el paso de navíos enemigos hacia el interior de la bahía, donde se situaba la base militar de la Carraca.






domingo, 1 de agosto de 2010

Monumentos Arquitectónicos Romano

TeatroRomano (Campo del Sur y calle de San juan de Dios)

RESTOS URBANOS Aquellos datos arqueológicos que poseen un mayor valor indicativo para la correcta reducción de los primitivos núcleos de sentamiento se refieren, a los restos de carácter propiamente urbano, englobándoos los restos del propio núcleo urbano primitivo y los pertenecientes a las industrias situadas en el extrarradio, los de la calzada romana, etc., relacionado, por categorías.

TEMPLOS


Herákleion

El templo de Melkart-Herakles-Hércules estuvo emplazad, según parece, en el área del actual islote de Santi Petri, a unos 18 Km., al S.E., del intramuros de la ciudad de Cádiz.

Esta ubicación puede deducirse tanto de las noticias contenidas en las fuentes clásicas como algunos descubrimientos arqueológicos.

Algunos vestigios de este famoso santuario de la Antigüedad podría haber sido en parte reutilizado en la construcción del castillo que allí se yergue aún y en parte destruidos como consecuencia de la intensiva explotación de canteras verificada en dicha isla en la Edad Moderna.

Por otra parte, además, los frecuentes hallazgos subacuáticos de restos monumentales parecen indicar que, posiblemente, una notable porción del área sacra de época romana, al menos, se halla sumergida en la actualidad.

Krónion

En el Cádiz antiguo existió también según se menciona expresamente en el texto de Estrabón, un Krónion o santuario de Baal Hammón (deidad asimilable a Kronos-Saturno), por ello, ciertas bárbaras costumbres antiguas, que pervivían aún en la Gades romana, se han relacionado con el cruento ceremonial que comportaba el culto de la divinidad citada.

En cuanto a la exacta ubicación de este templo, ha existido desde siempre en la historiografía local una clara tendencia a situarlo en el promontorio de San Sebastián e inmediaciones, lo cual, por otra parte, ha provocado que se haya pretendido reconocer sus resto en las huellas de las canteras de la Edad Moderna existentes en aquella zona de la Caleta y que, a su vez, se había instalado en parte sobre el antiguo solar de un grandioso monumento romano.

La hipótesis propuesta por Ramón Solís es la identificación del Krónion con el monumento romano inmediato a Torregorda, o en la zona que hoy ocupa la Catedral vieja.

Schulten, en cambio era partidario de ubicarlo al oeste de la Puerta de la Caleta, por el istmo de San Sebastián, existe la posibilidad de que dicho templo estuviese situado, concretamente, en el área de la avanzada del Castillo de San Sebastián no lejos de donde hoy se encuentra la base del faro.

De esta forma, podría interpretarse como perteneciente al Krónion, quizás, el basamento monumental descubierto allí en 1887.

Esto, tal vez, permitiera poner en relación con dicho santuario, además, el conocido capitel fenicio del Museo Arqueológico de Cádiz; siempre y cuando esa pieza procediese en efecto, a pesar de las justificadas dudas en efecto ya en Peman, de las inmediaciones del Castillo de San Sebastián.

Santuario de Venus marina

En la “Ora Marítima” de Avieno se menciona, en el capitulo II, una isla consagrada a Venus marina y en la que existía un templo con una profunda Cripta y un Oráculo.

Esta descripción procedente con seguridad del viejo Periplo, sirvió de base a la obra citada, se hacía referencia a un antiguo Templo de la diosa fenicia Astaré (Tania púnica).

El emplazamiento de dicho santuario, y a pesar de que se ha propuesto las ubicaciones más dispare, la tendencia más arraigada ha sido la de situarlo en la zona hoy ocupada por el Castillo de Sebastián, esta hipótesis fue defendida por Schulten, en 1927 con motivo de su visita a Cádiz, creyó identificar, entre otras cosas, la antigua gruta del oráculo en las inmediaciones del ya citado castillo, lo que le llevaría a reafirmarse de sus publicaciones anteriores de que no existían vestigios materiales del templo en el lugar mencionado.

Al respecto, a la luz de los nuevos datos aportados, a la luz de los nuevos datos aportados, dicho santuario de Astarté o Venus marina debió estar situados, sin duda, en algún punto de la antigua “Erytheia”, también denominada “Aphrodesias” e Insula Iunonis”, o isla situada al norte del canal Bahía-Caleta.

La ubicación exacta del tempo es, hoy por hoy, y debido a la carencia absoluta de vestigios que puedan atribuírsele, prácticamente imposible de señalar, no seria extraño que se hallase hacia donde en la actualidad se yergue el altozano de La Torre Tavira, como ha sido ya incluido en fecha reciente.

Templo de Minerva: la existencia de este santuario está documentada solo por una inscripción romana que hace referencia a la donación al templo, por un marmolista de la época, de una capilla u hornacina.

Dicho esto, el emplazamiento del templo mencionado es, absolutamente desconocido.


EDIFICIOS DE ESPECTACULOS

Teatro Romano


El conjunto de enigmáticas galerías subterráneas de más de 4 metros de alturas que recorren desde la Catedral Vieja al Arco de los Blanco era conocido en Cádiz popularmente desde antiguo. Eruditos de otras épocas las cintan en sus escritos y los chiquillos las han venido visitando desde siempre. Quienes las construyeron o para qué servían, eso no lo sabía nadie: pero su existencia daba lugar a mil y una interpretaciones…

Una tarde de otoño de 1980, un arqueólogo, Ramón Corzo Sánchez, por aquel entonces director del Museo de Cádiz, escribía en su cuaderno de campo: desde los sótanos del Patio Mudéjar descendíamos por un estrecho pozo de alcantarillado a una bóveda por la que difícilmente podía transitarse a gata…

Realizaron un plano elemental de galería aterrada con técnicas espeleológicas y obtuvieron un trazado circular que, superpuesto al parcelario de la zona, permitió interpretar con pleno sentido la disposición radial de muchos muros. El estudio de la técnica constructiva llevó a precisar que se encontraban ante un edificio romano cuya planta sólo podía corresponder a un teatro…

El Diario de Cádiz da la noticia del teatro en primera página; aquí a nadie le sorprende que en el Pópulo haya aparecido un teatro romano, ni que sea el más antiguo y el más grande de nuestro país.

No, claro que no, porque aquí, en Cádiz, descubrir, lo que se dice descubrir, eso, es prácticamente imposible. Aquí, más bien, uno se encuentra, cuando menos lo espera, con las cosas que se nos han ido quedando atrás con el paso del tiempo, que es lo que hacen los arqueólogos. Y es que en Cádiz la Arqueología es una cosa natural.

A partir del siglo I a.C., el teatro se convierte en una de las construcciones que mejor definen la importancia de una población. Roma llegó a contar con tres teatros. El de Cádiz es uno de los primeros teatros permanentes que se edificaron en el mundo romano y el primero y de mayor antigüedad que se construyó en España.

Lo mando a construir Balbo el Menor hacia el año 45 a.C. y varias décadas después fue fuertemente reformado.

El teatro, aún sin ser el espectáculo preferido de los romanos, gozó de gran popularidad en el mundo antiguo. A el podían asistir todos los ciudadanos, los cuales se acomodaban libremente según iban llegando, hasta el siglo I a.C. se empezaron a aplicar algunas distinciones.

Las obras más famosas fueron las atelanas –farsas de poca duración- y las comedias.

Orchestra: semicírculo en torno al cual se desarrolla el graderío.

Cave: es toda la superficie del graderío, en ella se sentaban los espectadores.

Vomitorio: son amplia puertas que comunican las galerías interiores con el graderío, facilitando la circulación del público.

Parados: pasillo cubierto a ambos extremos de la cávea, a través de ellos se accede a la cávea o a la orchesta, sobre cada uno había un placo para las autoridades.

Escena: esta situada frente a la cavea, consta de una plataforma no superior a 1,5m de altura, para que las personas sentadas en la orchestra puedan ver todo el juego de los actores.

La cal muerta, la arena y el agua, mezcladas con cascotes de piedra formaban el mortero empleado por los albañiles romanos, ellos lo llamaban opus caementicium, nosotros hormigón romano.

Este hormigón fue bien conocido y trabajado por los habitantes de Gades, quienes recurrieron a la superposición de grandes bloques de mortero para edificar su teatro.

Además, para mayor consistencia del edificio, combinaron el uso del mortero con el de sillares regular de piedra ostionera, la piedra local.

La excavación del teatro comenzó en 1980, el mismo año de su descubrimiento, hasta ahora se ha rescatado algo más de una tercio de la superficie del edificio.

Teatro Romano, calle San Juan de Dios / Campo del Sur, (barrio del Pópulo)

Abierto de martes a domingo.

Cerrado: lunes y festivos, entrada gratuita


Anfiteatro Romano

En la historiográfica local de la Edad Moderna existen las siguientes descripciones referidas a los vestigios del anfiteatro romano de Gades.

En dicho anfiteatro debió ser, según una obra en gran parte excavada, lo que provocaría que la huerta existente en el mismo lugar en la Edad Moderna se denominase Huerta del Hoyo.

Es preciso indicar que el solar del antiguo anfiteatro, que luego sería ocupado por la ya mencionada huerta, no se hallaba hacia donde estuvo la primitiva plaza de toros del Campo del Sur, como se habían aventurado decir, sino inmediatamente a la espalda de las fortificaciones de Puerta de Tierra, al comienzo del barrio de Santa Mar, en donde se encontraba los cuarteles de San Roque (hoy desaparecido), a muy corta distancia de la huerta del Hoyo.

Anfiteatro o circo de gladiadores y luchas de fieras, de fábrica ovalada y profunda, rodeada de gradas. Tenía 360 pies en su mayor periferia de diámetro y en la menor 120. Los muros principales fueron construidos de mampostería, los que tenía 8 pies de espesor con columnas y adornos.

Cerca de dicho edificio había una torre, que acabó destruida por orden del Marqués de Cádiz, para emplear los materiales en la conclusión del castillo de la villa, después de Guardias Marinas. Lo demás se cegó en 1594 para formar una plaza y alojamientos para soldados.

Cerca de este sitio estaba siete grandes albercas, de 200 pies de largo y 70 de ancho, donde se recogía el agua que venía del Tempul, obra hidráulica debida a nuestro ilustre paisano Cornelio Balbo.

Algunos de estas albercas se ven hoy y permanecen enteras como si no hubieran pasado por ellas los años.

Están juntos al lienzo y cortina de la muralla y donde había sido la Puerta del Muro, sobre estas albercas y sus cimientos estaba la ermita del Sr San Roque y esta asimismo e antiguo matadero de la carne. Al lado opuesto estuvo antiguamente la ermita dedicada a Santa Elena.

Circo Romano

Posiblemente, los vestigios monumentales sobre los que más se ha especulado a nivel local, a lo largo del tiempo, han sido los que se mantenían aún visibles en la Edad Moderna por la parte de la Caleta.

Estas ingentes ruinas fueron ya consideradas en el siglo XVI como perteneciente a la ciudad antigua, lo que ha contribuido no poco a la reducción tópica de ésta al área de la punta de San Sebastián y de la Caleta.

Naumaquias


Espectáculos de combates navales realizados por esclavos y prisioneros. Eruditos de épocas pasadas sitúan una construcción para este fin en las aguas de la Caletas.


INDUSTRIAS “EXTRA-RADIALES

Bajo esta denominación se han agrupados varios hallazgos atribuibles a una serie de antiguas industrias, de diverso tipo, según parece, ocupaban una situación marginal o externa en relación con los lugares de índole estrictamente residencial.

Importantes industrias gaditanas de salazones, cuyos productos fueron tan celebrados en la antigüedad.

No hay vestigios de las factorías de naturaleza pertenecientes al periodo fenicio-púnico, si bien si se ha localizado restos de sus homónimos de época romana.

Factorías de salazón, de supuesto origen romano, cuyas ruinas de edificaciones y piletas se señalaban, por la historiografía de la Edad Moderna, al piel del baluarte de San Felipe.

Ciertos vestigio que se hallaban, casi destruidos por la erosión marina, hacia la zona de la Caleta y que han sido considerados generalmente como aljibes, debieron ser realidad, piletas romanas de salazón, se encontraron en 1699 delante del baluarte de los Mártires.

Algunos restos aparecidos al cimentar un edificio en la calle Felipe Albarzuza y que pueden atribuirse a una factoría romana de salazón del siglo I d.C., por la misma fechas, en las obras de remodelación del cercano Hotel Atlántico, en 1966, durante los trabajos de cimentación de las viviendas militares del inmediato Campo de las Balas, por otro lado, vestigios de una industria romana de mayor interés se descubrieron hacia 1884 en la cimentación del Nuevo teatro, en la plaza de Falla.


CONDUCCIÓN ROMANA DE AGUAS

Acueducto

Formado por la perfecta sucesión de sillares de piedras ostioneras, abastecía Gades de agua potable. Su recorrido era de 70 Km. y transcurría paralelo a la Vía Augusta, fue mandada construir por Balbo.

Como es sabido, aún se conservan vestigios de la magna obra de fabrica que proporcionaba agua potable a la Gades romana.

Hasta el presente, se ha podido admirarse abundante restos de dicha conducción en la playa de Cortadura, no lejos de la carretera que une Cádiz con San Fernando.

Vistas a la localización de los primitivos núcleos urbanos, es la exacta situación de las albercas o depósitos terminales “Castellum aguae” (Depósitos Terminal del acueducto que consistía en siete albercas rectangulares lujosamente pavimentada con placas de mármol), en que era embalsada el agua antes de su distribución a los siguientes puntos de consumo de la ciudad.

Estas albercas, se hallaban ubicadas desde casi inmediatamente detrás de la Puerta del Muro, cuya situación era cercana a la posterior Puerta de Tierra, hasta la zona del Matadero antiguo, cerca del anfiteatro romano, tras haber permanecido enterrados y olvidados durante cierto tiempo volvieron a localizarse en el año 1756.

Hubo un par de hallazgos relacionados, al parecer, con este tema del abastecimiento de agua potable a la ciudad romana, por un lado en la excavación del 1925 en la playa de los Corrales (hoy Santa María del Mar) se descubrió parte de una especie de atarjea o alcantarilla de piedra, y ladrillos que podría pertenecer, al tramo final del acueducto, y en 1928 se localizó, junto al Arco de los Blancos, situado entre los barrios del Pópulo y de Santa María, un fragmento de galería de conducción de agua potable ( o de alcantarilla o desagüe?) que contenía en su relleno restos de cerámicas romana, de una notable profundidad.

CALZADA ROMANA


Vía Augusta

Calzada que comunicaba Gades con Roma. El tramo de la Bahía coincidía con la mítica Vía Herákea.

Elemento que ayuda a precisar indirectamente, la ubicación del primitivo núcleo urbano hacia el denominado “casco antiguo” o “intramuros” es el trazado del tramo inicial de la calzada romana que partía de Gades.

Dicha calzada, tras arrancar quizás de un lugar próximo a la posterior muralla de Puerta de Tierra, cruzaba la hoy zona de extramuros, entonces ocupada por una extensa necrópolis, para finalmente, enfilar el istmo que en la actualidad une Cádiz con San Fernando, lamentablemente, la localización de dichos restos presenta indudables dificultades, motivo de las obras de fortificación realizada, en la Edad Moderna.

Alrededor de la Puerta de Tierra, se ha indicado la presencia de unos vestigios arqueológicos, pertenecientes, a la calzada romana que discurrían paralelos e inmediatos a la entonen llamada carretera del Blanco, la cual bordeaba la playa de los Corrales o de Santa María del Mar.

La existencia de estos restos hace sospechar que, muy posiblemente, el primer tramo de la calzada romana debió poseer un trazado casi coincidente con el camino que en el siglo XVIII era denominado “arrecife antiguo”.

En 1976, en unas obras de reforma del alcantarillado aparecieron vestigios del “arrecife antiguo” .


OTROS


Criptoporticos

Galerías repartidas por el barrio del Pópulo a modo de calles cubiertas.

En el mismo sitio donde hoy se encuentra Torregorda, había hace ya muchos siglos la llamada torres de Hércules, a cuyos pies la almadraba o pesquería de atunes, esta torre fue totalmente destruida por el maremoto de 1775,

sábado, 24 de julio de 2010

Cádiz por Al-Himyári

“Cádiz”, península de Al-Andalus, a alguna distancia de Itálica (Talica), ciudad de la región de Sevilla.


De Norte a sur tenía tal península doce millas de largo y su máxima anchura era de una milla. Está cubierta de cultivos de una rica vegetación; los animales que pastan en ella son su mayoría cabras. En la zona boscosa de la península crecen pinos y retamas. Si las cabras vienen a la maleza a comer algarrobas en el momento en que crecen tales frutos, su leche emborracha a quien la beba; no ocurre igual con la leche de las ovejas que han comido los mismos frutos, (viene en el libro “Agricultura Nabatea”), los habitantes (de Cádiz) están seguros de esa virtud particular de la leche.


Se veía sobre el cabo que se encuentra al otro lado de la península las ruinas de un castillo antiguo (en la actualidad reformado).


En el mismo cabo se alza la iglesia llamada de San Pedro. Crecen gran cantidad en la península de Cádiz las plantas llamadas “paseritas”. Crece también en ella un arbusto que se asemeja al retoño de la palmera. Brota de él una goma, que mezclada al vidrio produce una pasta viscosa que llega a ser dura como la piedra y de la que se hacen cubos de mosaicos. Hay en la misma península muchos vestigios de la antigüedad.


De entro ellos el más asombroso es el templo que se llama con el nombre de la península. Fue construí por Hércules, es decir, Heracles. Era este personaje de estirpe de los rums griegos. Fue un general y un gran personaje de los rums, de tiempos de Moisés. Se dice que fue el primero de los reyes griegos. Reinó sobre una gran parte de la tierra. Guerreó con las gentes de Oriente, conquistó sus ciudades y llegó a la India. Salió también a conquistar los países de los hijos de Jafat y llegó, al cabo, a Al-Ándalus.


Cuando hubo llegado al litoral occidental del mar circundante (el Atlántico), preguntó qué había al otro lado. Le dijeron que la travesía de aquel brazo de mar permitía ir al Al-Ándalus. Desembarcó en la península de Cádiz y edificó allí u alto imponente edificio, sobre el que se alzaba una torre en cuya cima colocó una estatua de bronce a su propia imagen.


Tal estatua, que miraba hacia Occidente, representaba un personaje cubierto por un manto que le cubría desde los hombros hasta media pierna y en el cual estaba envuelto. En la mano izquierda tenía una llave de hiero, tendida en dirección a Poniente; y en la derecha una tableta de plomo, en la que se hallaba grabado el relato de su propia historia. Esa tablilla recordaba que había conquistado las ciudades y los países situados detrás.


El Templo de Cádiz está situado en medio de la Península, a una distancia de seis millas del castillo, mencionado anteriormente.


Se dice que el templo en cuestión fue construido el año 2451 después del Diluvio. Otros dicen que lo fue 2451 después de Adán. De lo que no cabe duda es que fue edificado en tiempo de Moisés.


Se cuenta que nunca, pudo llegarse hasta el centro del Mar Occidental hasta el día en que cayó a tierra la llave que tenía en la mano el personaje representado en la estatua. A partir de entonces se pudo ir por mar hasta Salé, al Sur y a otros lugares.


Predicciones referida a la estatua de Cádiz fue alzada para preservar (del mal) a Al-Ándalus; cada una de sus partes y cada uno de sus miembros correspondía a una región del país; la cabeza a Toledo, el pecho a Córdoba, etc.


Cada vez que sobrevenía un accidente a una de las partes de la estatua, padecía una calamidad la región correspondiente.


Se leía en cierta obra: “Cuando el templo de Cádiz sea demolido los cristianos se apoderarán del país de Al-Ándalus”. Se puede comprobar que coincidió su destrucción por Abu-I-Hasan Alí ben Isa ben Maimún con la época en que se vio los cristianos entras en Córdoba y apoderarse de ella.


Alí ben Isa (Ben Maimún) demolió el templo de Cádiz. Se le había hecho creer que estaba construido encima de enormes tesoros y que estaba lleno en su interior de polvo de oro. Hizo entonces venir braceros y albañiles que empezaron a sacar las piedras del aparejo de mampostería (que servía de base al templo). Se decía que quien demoliera el templo de Cádiz moriría de muerte violenta, y eso ocurrió.


Las gentes de la península de Cádiz pretenden haber siempre oído decir que los navegantes que se lanzaban al Océano y se dirigían hacia alta mar, cuando el templo de Cádiz no era ya visible para ellos, veían aparecer otro parejo. Al llegar a él y pasar más allá y perderle de vista, se presentaba a sus ojos un tercer templo. Cuando habían dejado atrás así siete templos, habían llegado a la India. Esa tradición es generalmente admitida en la población de Cádiz, que la conoce y la propaga, transmitiéndola de generación en generación.


Se dice también que cuando Hércules construyó el monumento se dirigió hacia el país de los beréberes. Llegó primero a la ciudad de Ceuta en el estrecho que sale del mar circundante (el Atlántico).


Conquistó sin detenerse ciudades tras ciudades y acabó por llegar a Libia, y después a Tracia. Allí cayó enfermo y sufrió dolores corporales. Como éstos aumentaron encendió una hoguera y se arrojó a ella y el fuego le consumió enteramente, a pesar de que no se proponía sino quemar los dolores de su cuerpo. Tal acto prueba que era un adorador del fuego. A su muerte sus tropas se dispersaron y los magos hicieron de él un ídolo al que rindieron cultos.


viernes, 16 de julio de 2010

La "Mar", cuna en la que "Cádiz" se mece

"El Mar Antiguo"

El mar es seductor. El mar es un complejo de sugerencia. El mar es como una cuna en la que Cádiz se mece siempre, sea con susto, sea con todo amor, así lo define Juan Egea.


Él aprendió a amarle con todo el alma en la Caleta, (y no me extraña), esta tan plagada de misterios.


El sugestivo mar de la Caleta, el mar antiguo de Cádiz, que se prolongaba entre los dos promontorios afamados de Cronos y de Hércules.


Cádiz “costa de la luz y última de la tierra”, se entregó amorosamente en los brazos del mar, por cuanto éste era su vida.


Los atunes, la gran afición de los gaditanos, los que hacían que éstos vivieran más en la mar que en tierra firme, entre cenagales y bajos llenos de hierbas marinas descubiertas por innumeras crecientes y menguantes, aparecían grandes manadas de esta clase de peces, que se pescaban sin necesidad de redes con sólo arpones, y que dieron origen de la fundación de sendas pesquerías y talleres de salazones que cobraron fama por el mundo conocido, sus huevas y hasta de sus colas, convenientemente salados y adobados dentro de de barriles, constituyeron una buena granjería para paladares exquisitos.


Hipócrates los da como medicinas para la hidropesía causada del bazo. Cádiz honró a los atunes de forma que hasta en sus monedas figuraban con tanta devoción como el templo de Hércules.


Desde que los fenicios del mar Bermejo bajaron hasta Cádiz se les inculcó a los gaditanos el muy honroso ejercicio de navegar, llegando a ser los mejores marineros de aquellos tiempos.


En alas del comercio surcaron las que llevaban a las rutas del Mediterráneo. También conocieron las que llevaban a las Islas del Estaño, cuyo secreto procuraron guardar celosamente. Pero su afán más sentido fue desvirgar el misterio del Océano impresionante que anonada por su infinitud, tan lleno de sombras.


Por ello, en Cádiz prosperaron señaladamente las fábricas de navíos y los arsenales para la carena de los mismos.


Y así los gaditanos se lanzaron a la conquista del mar con sus grandes y pequeños barcos que llevaban un caballo como mascaron de proa; la insignia tan admirada, de la que se tuvo conocimiento hasta en las aguas del Indico, después de doblar el cabo de Buena Esperanza; la insignia de la que gustaron también los abismos atlánticos.


Cádiz se volcó a favor de los navegantes por su espíritu intrínsecamente marineros; dando seguridad a la entrada de su puerto señalizado y, en especial, por las noches, con la torre famosa del islote de San Sebastián, con plétora de luminarias y hachas de viento, para alumbrar el camino a los pilotos de todos los países.


En el mar antiguo se miro Cádiz con delectación. Supuso su más apasionante signo de vida. La pesca, el anhelo de nuevos horizontes, el embrión de las factorías navales. En el mar de la Caleta se intuye lo que fue aquel Cádiz pequeño, semilla, tan grande en su proyección futura.


También se comprende su tragedia, como víctima propicia de las olas imponentes que arrasaban el trabajo de siglos de toda una población, llegando hasta la destrucción de la ciudad.


Una contingencia que nos hace recordar la afirmación de los antiguos de que los fuertes vientos, azote Cádiz por la banda de vendaval, levantaban tantas espumas que revolando sobre el poblado parecía éste naufragado entre las aguas.



Campo del Sur-Vendaval

sábado, 10 de julio de 2010

Isla de "Cádiz" - Isla de León

El término “Cádiz” es muy relativo y ha cambiado a través de la Historia. De ahí el interés por investigar qué se entiende por “Cádiz” en el momento en que se escriben los textos por los autores árabes.


Solís nos dice: “La situación de la península gaditana o de la isla, según quiera admitirse o no un puente como istmo es una situación…”


Sin embargo, esta solución no puede ser totalmente aceptada, el aceptar un Cádiz-península o isla, dependiendo de su istmo, porque en ambos casos sólo, estamos jugando con la mitad de un espacio geográfico.


La opción aportada por Solís, dicen, que no es válida porque considerando el istmo, sólo se está teniendo en cuenta la isla hasta el castillo de Torregorda, lugar donde, según Gavala, termina geológicamente la isla gaditana.

“Al sur del castillo de Torregorda, donde acaba la isla de Cádiz propiamente dicha, se extiende…”


Por otro lado, en repetidas ocasiones se ha querido situar el castillo antiguo y la iglesia de San Pedro en el islote de Sancti Petri. Analizado desde otro ángulo, destacando que no corresponde al espacio que Gavala determina geológicamente como isla de Cádiz, es decir hasta Torregorda, sino que guarda una intima relación con la isla de San Fernando.


En general se puede definir a Cádiz como un pequeño tómbolo o península unida a otra isla, separada del continente por el caño de Sancti Petri. Por esto no es extraño que en planos cartográficos aparezca como “isla de Cádiz” el conjunto de las dos islas. Máxime cuando la población de la isla de San Fernando no comienza a tomar entidad propia hasta bien entrado el siglo XVII. Este detalle lo dejó bien claro Gavala:


“Los historiadores, con criterio exclusivamente geográfico, consideran una sola isla, y denominan isla de León el territorio que separa de la península el caño de Sancti Petri, y que queda al norte del mismo, es decir, la unión de las islas de Cádiz y de San Fernando y la marisma del río Arillo”.


Lo que según Gavala, constituye la isla de León, es lo que según criterio del los autores de este libro, aparece en los textos árabes que analizaron como “isla de Cádiz”.


Dos razones básicas: primera, porque la mayoría de los autores son geógrafo, y en segundo lugar, porque los autores árabes sólo dan fe de la existencia en la isla de un castillo en ruinas y una iglesia, sin mención alguna de población, por lo cual, cualquier edificio o resto, se utilizaría como punto de referencia el municipio más próximo, en este caso Cádiz.


En concreto, “isla de Cádiz” debe entenderse como la unión de las islas de San Fernando y de Cádiz y de las marismas del Arillo; o sea, toda la superficie separada del continente por el caño de Sancti Petri.


El profesor Sánchez Herrero ha descrito muy bien la continua relación entre Cádiz y la isla de León: Cádiz, afirma el citado profesor, se une a la Isla de León por un istmo arenoso, separándose poco después de dicha isla por el caño Arillo y ambas, del resto de la provincia, por el caño de Sancti Petri. En efecto Cádiz y la isla de León han tenido unas relaciones estrechísimas y una historia común desde la reconquista de la ciudad hasta por lo menos la entrada de la isla en régimen señorial en 1335.


Isla de Cádiz-Isla de León

sábado, 3 de julio de 2010

De la leyenda al gran puerto semita de Occidente


lugar donde pudo estar el puerto fenicio (La Caleta-Cádiz)


La bahía de Cádiz hunde sus raíces en la leyenda heroica, ya que fueron éstas las riberas remotas que alcanzó el hijo de Zeus y Alcmena, Heracles-posteriormente Hércules para los latinos-, cuando Euristeo lo envió en su décimo trabajo.


Navegando en la copa de oro facilitada por dios Helios, para poder ejecutar el recorrido durante la noche, el más conocido de todos los héroes de la mitología clásica llegó al litoral gaditano, con el objeto de arrebatar los hermosos bueyes de color pardorrojizo al colosal Gerión, con sus tres cuerpos unidos por la cintura.


En una acción a la que ningún mortal se hubiera atrevido, y después de una lucha terrible, Heracles mató con un flecha a este ser monstruoso y se llevó el ganado por tierra, a través de Iberia, Italia, Iliria, Tracia y Grecia, hasta alcanzar Mecenas, en el país de los argivos.


La gesta heraclea, poseedora de una absoluta vinculación con la historia, debe interpretarse para explicar lo que muy tempranos contactos ocurridos entre la gente del mar exterior y los pueblos del Mediterráneo oriental que, navegando hasta el ignoto y rico Occidente, se atrevían a traspasar las Columnas.


De éstos, fueron los Fenicios de Tiros quienes entablaron las más antiguas y sólidas relaciones.


Estrabón cuenta en su Geografía, recogido al relato de Posidonio, que los tirios fundaron Gadir –en lengua fenicia “fortaleza” reducto fortificado- a finales del segundo milenio a.C., impelidos por un oráculo y después de dos fallidos intentos en que sacrificaron a los dioses y las victimas no fueron propicias.


Levantaron una ciudad al norte, y el renombrado santuario a Heracles – el Melkart fenicio –al sur, que alcanzo una gran celebridad “por sus fundadores, por su veneración, por su antigüedad y por su riquezas”, según especifico Pomponio Mela.


Lomas Salmonte recoge, el templo de Hércules gaditano desempeño un protagonismo fundamental en la cohesión socioeconómico del asentamiento fenicio, regulando su comercio: la divinidad tutelar de la ciudad comparada, legitimada y garantizada los tratos mercantiles, recibiendo a cambio ofrendas que convirtieron al santuario e inmensamente rico, lo que le valió expoliaciones en distintos momentos de su dilatadísima existencia.


En los textos griegos la denominación aparece en plural, las Gádeira –tá Gádeira, ya que consideraban Cádiz como un conjunto cuyos elementos se bautizaron respectivamente con nombres diversos, tales como Cotinusa, Eritía o Afrodisias.


Con ello se ponía de manifiesto el carácter polinuclear de tan antigüedad asentamiento: una serie de islas que encerraban un puerto natural de extraordinarias cualidades para la navegación y el comercio marítimo.


La insularidad y la cercanía a la costa firma de tan rico territorio propiciaba la instalación de los comerciantes orientales, quienes se sentían más a gusto asentados cerca de sus mercados, pero separados y defendidos por un antemural de agua y un recinto fortificado.


En nuestros días, la historiografía se ha detenido en intentar explicar con mayor precisión los asentamientos, en una isla menor, de fenicios, púnicos y romanos en su primera etapa, advirtiendo sobre la presumible existencia de un brazo de mar que hubiera transcurrido entre la bahía y la caleta de Santa Catalina.


El canal bahía-caleta, que hubo de ir colmatándose muy lentamente por sedimentación geológica y por depósito producto de la acción humana, debió albergar el puerto primitivo y las primeras instalaciones portuarias, y separaría la isla menor de la isla mayor, donde Balbo el Menor levantó una ciudad nueva para los gaditanos, que tendría enfrente una “Antípolis” en la actual isla de San Fernando.